28 de enero de 2026

El falso discurso de la oposición contra el autoritarismo | Artículo

La falsedad se debe a que, por muy iliberal que sea el Presidente y amplio que sea el discurso que se acumule, no es cierto que la oposición en México represente cabalmente al liberalismo.

La falsedad se debe a que, por muy iliberal que sea el Presidente y amplio que sea el discurso que se acumule, no es cierto que la oposición en México represente cabalmente al liberalismo.

En lugar tejer una propuesta que permita soñar con un país distinto, nuestros partidos de oposición se han dedicado a promover la idea de que los mexicanos tenemos dos opciones electorales: la democracia o el autoritarismo.

El primer factor, la ausencia de un proyecto de nación, fue clave en el rotundo fracaso de Va X México y de Movimiento Ciudadano en las elecciones de este año. En este sentido hay pocas dudas. No son muchas las personas que se frotan las manos saboreando el regreso al estado de cosas pre-2018.

Mucho más interesante es intentar entender el segundo factor. Es decir, por qué son tan pocas las personas que compran el contraste entre una oposición que representa la democracia y un partido en el poder que representa autoritarismo.

En su más reciente libro, Liberalism and its Discontents, Francis Fukuyama presenta una importante distinción que arroja luz sobre este fenómeno. Para Fukuyama es un error contrastar la democracia y el autoritarismo; en realidad el contraste pertinente tiene que ser uno entre el autoritarismo y el liberalismo.

La idea central detrás de esta precisión es que, contrario a lo que suele suponerse, la democracia es compatible con el autoritarismo.

Incluso líderes autocráticos como Vladimir Putin o Viktor Orban dicen representar al pueblo y aceptan la celebración de elecciones y sus resultados –la calidad de esos procesos es un asunto independiente–.

En contraste, el autoritarismo es incompatible con el liberalismo. Este último es definido por Fukuyama como el reinado de la ley; un sistema de leyes formales que restringe los poderes del ejecutivo, incluso si ese ejecutivo fue elegido mediante un proceso democrático.